Fragmento
de la proclamación de abdicación de Amadeo I [11 de febrero
de 1873]:
«Grande fue
la honra que merecí a la nación española eligiéndome
para ocupar su trono; honra tanto más por mí apreciada cuanto
que se me ofrecía rodeada de las dificultades y peligros que lleva
consigo la empresa de gobernar un país tan hondamente perturbado....
Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos años largos
ha que ciño la corona de España, y la España vive
en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de
paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los
enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes
como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que
con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan
los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce
nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor
del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los
partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión
pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más
imposible todavía hallar remedio para tamaños males. Los
he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera
de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla.»